Carta de una madre:

Querido hijo, el día que me veas viejita te pido por favor que me tengas paciencia. Entiende que la vida es un ciclo y todos volvemos a ser niños.

Si cuando hablo contigo repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” con voz cansada, sólo escúchame por favor…

Cuando quiera comer algo que no deba por mi salud, no me grites, explícame con cariño así como yo te explicaba muchas veces el daño que te hacían los dulces.

Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos gestos mal humorados, reflejados en tu mirada, que me hacen sentir mal.

Recuerda que yo te enseñe a hacer muchas cosas como comer, vestir, peinarte… y cómo afrontar la vida.

El día que notes que me estoy volviendo vieja, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme.

Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar, y si no puedo no te pongas nervioso o arrogante. Ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo, que me pidas consejos y me tomes en cuenta.

Y cuando mis cansadas y viejas piernas no me dejen andar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te la ofrecí cuando diste tus primeros pasos.

Cuando esos días vengan no te sientas triste ni me hagas sentir incompetente, ayúdame mientras llega el final de mi vida, pero con amor y cariño.

Regálame flores ahora que puedo oler su aroma, dime que me amas ahora que aún puedo escucharte, demuéstrame tu amor ahora que puedo verte. Aunque no tenga el suficiente dinero para premiarte con un regalo, yo te lo agradeceré con una gran sonrisa porque te amo.

Atentamente, tu viejita.

¿Apoco no es así? Todos nosotros pasamos un ciclo con nuestros padres:

A los 3 años comenzamos diciendo “mamita, como te amo”, a los 10 lo cambiamos por un “mamá te quiero”, a los 15 mostramos nuestro lado rebelde con un simple “sí mamá”, en los 18 tendemos a decirle cuanto nos fastidian sus reglas, pasando los 20 comenzamos con los “como deseo largarme de esta casa”, para luego a nuestros 35 años desear vivir de nuevo con ella, tan atenta y amorosa. Mientras que cuando llegamos a los 50 rogamos “no te vayas mi viejita linda” y mucho más adelante pedimos por tener aunque sea unos minutos más con ella.

¡Valora a tu mamá ahora que la tienes! Que no siempre estará a tu lado.

Fuente: Webon2